El agua embotellada pierde fuelle

En ciudades como San Francisco y Seattle, los gobiernos locales han prohibido la compra de agua en todo lo que tenga que ver con sus ayuntamientos. En Chicago, desde 2008, hay un impuesto sobre la compra de agua embotellada. Un pueblo australiano ha prohibido la venta de este producto y, a cambio, ha instalado más fuentes públicas. En ciudades como Londres y Nueva York proliferan restaurantes que sólo sirven agua filtrada del grifo en una tendencia que no para de crecer. Muchas poblaciones urbanas se empiezan a posicionar en contra del agua mineral. Está por ver si se trata de un movimiento pasajero o el comienzo de una tendencia generalizada que afectará al mercado a largo plazo.

Por el momento una mezcla de los efectos de la crisis unidos a una creciente concienciación y movilización están repercutiendo ligeramente en las ventas del agua embotellada. En 2009 bajaron en Europa y Norteamérica. A escala global, el mercado sigue creciendo, en gran parte, por China. Sin embargo, el agua es un negocio redondo. En la última década se ha convertido en la mercancía legal que más dinero mueve sólo por detrás del café y el petróleo.

¿Qué dicen los detractores del agua embotellada?

En este vídeo que acaba de salir a la luz, realizado por la ecologista Annie Leonard, se argumenta que, en el futuro, consumir agua mineral en botella de plástico será tan mal visto como fumar al lado de una mujer embarazada.

Ventana externa

Algunas de las cuestiones que plantea son:

– ¿Tiene sentido comprar agua mineral si, al final, la del grifo es de la misma calidad?

– La necesidad de luchar contra los ejecutivos que quieren crear una demanda para un producto que es hasta 1.000 veces más caro que el agua del grifo.

– El hecho de que buena parte de las botellas son de plástico y acaban en basureros gigantescos sin posibilidad de reciclaje, además de la energía empleada para fabricarlas.

Una de las historias más significativas que cuenta es la de Fiji Water. En 2006 la marca de agua, que se comercializa como la más pura del mundo, lanzó una campaña con el mensaje: “Porque el etiquetado dice que no está embotellada en Cleveland”.

El objetivo era resaltar la exclusividad y su pureza frente a una ciudad con tan poca gracia como Clevaland. Los responsables de la ciudad decidieron comparar el agua del grifo del municipio con la de Fiji y encontraron unos resultados sorprendentes. El agua de Fiji contenía 6,3 microgramos de arsénico por litro mientras que el agua de la ciudad no tenía ni rastro de esta sustancia. (Fiji Water hizo sus propios tests y dijo que sólo contenía 2,3 microgramos por litro aunque nunca mostraron las pruebas).

La prepotencia de Fiji Water acabó volviéndose en su contra y ha sido incluida en el ranking de CNN de los 101 momentos más estúpidos.

Un ejemplo:

En diciembre de 2007 una revista de bebidas británica realizó un test a ciegas en 23 marcas de agua entre 20 profesionales y periodistas de la restauración. Entre las aguas probadas se encontraba Thames Water, el agua del grifo de Londres. El agua consumida por todos los londinenses acabó en tercera posición y la marca más cara, 420 Volcanic, que cuesta más de 60 euros por botella, quedó en el puesto 18.

En España, el panorama no es idílico, pero un estudio de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) muestra que la calidad del agua del grifo está mejorando.

En respuesta al vídeo de Leonard, la industria de EEUU ha respondido con un corto que no resulta muy convincente, no tanto por sus argumentos como por la calidad de la presentación en sí. Su conclusión: Más o menos que las embotelladoras están salvando el medioambiente.

¿Deberían estar preocupadas las embotelladoras y marcas de agua mineral?

Indudablemente, el agua embotellada sirve una función importante, especialmente en zonas donde el agua del grifo no es de calidad o incluso no es potable. Las botellas de agua son extremadamente útiles en crisis humanitarias como las causadas por el terremoto de Haití.

En muchos casos, la calidad es muy superior a la del grifo y en un mercado libre, la gente tiene la opción de escoger entre ambas opciones. Pero el declive en mercados más desarrollados muestra que los ciudadanos empiezan a cuestionarse su compra. Una marca como Fiji Water requiere transportar el producto más de 17.000 kilómetros para llegar a España y lo que eso conlleva en emisiones. Este argumento abre oportunidades de negocio para marcas de agua mineral locales.

España:

En España, gran parte del consumo de agua embotellada proviene del territorio ibérico. Según Aneabe (Asociación de Empresas de Bebidas Envasadas), en 2008, la producción de agua envasada alcanzó los 5.562 millones de litros, una cifra prácticamente estable con respecto a la cantidad producida en 2007.

El 95,8% de la producción corresponde a las aguas minerales naturales, el 2,50% a manantiales y el resto a las potables preparadas. El consumo per cápita descendió un 1,3% respecto a 2007. La asociación minimiza el impacto en España y afirma que equivale al agua que se emplea en regar 10 kilómetros cuadrados de terreno o el agua que se evapora en un embalse con una superficie de 2 a 3,5 kilómetros cuadrados. Sostienen, además, que el cien por cien de los envases utilizados por la industria son reciclables, aunque no está claro qué porcentaje de estos envases se reciclan.

En España todavía no está extendida esta contra-tendencia pero ¿podría llegar a extenderse aquí? Lo que ha quedado claro es que es imposible de ignorar. Las empresas embotelladoras tendrán que seguir invirtiendo en packaging más ecológico y otras iniciativas para convencer a los consumidores. Se empezará a exigir que los productos vengan de fuentes más locales (algo que en España es generalizado). Otros auguran que empresas especializadas en filtración de agua en el hogar como GEDAR tienen todas las de ganar en los próximos años.

Pero tampoco nos adelantemos a los acontecimientos. De momento sigue siendo uno de los negocios más rentables.

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